Llovió el resultado como un diluvio de espadas afiladas.
Mojó mi sangre y regó mi ira,
quise abrazarte hasta deshacernos.
Y vi como se escurria entre mis dedos el terciopelo negro.
Se me murio en la garganta un te quiero
Queria cuidarte y vestirte de vida
Quería que fueras eterno,
confesarte que eras lo mas bonito que la vida puso en mi camino.
Y no lo hice
Y la niña murio dentro de mi,
entre las tripas la enterré
y en los dias de bajada me golpea el pecho,
y en los dias de subida vuelve a su entierro.
Anoche me habló de ti.
Y desperté empapada en pánico.
Lloré el dolor de tus ultimos huesos.
Con el sol de la mañana me acurruco al olvido.
En la eternidad de la podredumbre,
buscaré entre caminos
el movimiento de vida del terciopelo negro.

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