Como cascabeles de gatos
sonaban sus andares
Y entre chandals y medias coletas
se le revolvian las pecas.
Fuerte como el grito de una niña
en la madrugada, que imagina
monstruos entre las sombras de la ventana.
Frágil como un castillo de arena
que el viento
deshace sin mas un día cualquiera.
Entre el agua de las fuentes
y risas infantiles
desapareció la soledad para siempre.
Renacimos a la edad de seis años,
desde las entrañas de la amistad.
Le hablé de oscuridad y de fantasmas
y en las lágrimas transparentes
de sus ojos marrones y verdes
veía mis propios dolores,
dolores que enterramos años mas tarde
entre palabras, tinta, abrazos y besos.
Sus largos brazos delgados
se abrían como las alas de las palomas
Y entre sus dedos de pianista
corrían la tranquilidad y la paz
que dan las finas gotas de lluvia y el mar.
Cuerda invisible de sonrisas que me ata a la vida.
Refugio eterno,
raíces entrelazadas que recorren mil caminos
caminos de gravilla y polvo fino,
caminos de vida y de muerte
Senderos escondidos.
Deseo que la muerte no la encuentre,
y si la tiene que encontrar,
que espere, y desespere.....
que acuda tarde, y débil
que venga con su abrazo traicionero.
Que venga tarde,
que nos venga tarde......y a la vez.
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